Mancha y píxel 🎨 Dibujo digital y pintura tradicional

¡Hola, cuquis! Hoy vengo a dar un poquito de charla, a compartir con vosotros. Podéis haceros un té o un Colacao para acompañar la lectura. Me gustaría que hablásemos un poco cosas en torno al arte digital y tradicional. En especial qué cosas diferentes me aporta cada uno. Vamos a ello.



Antes de nada, no es un post sobre cuál es mejor o sobre aspectos positivos/negativos desde una visión práctica. Eso es una visión muy personal y un debate que además ahora con el inktober os vais a hartar de ver en redes sociales, jajaja. Hoy más bien quiero compartir mi manera de sentir y vivir cada medio, por si alguien se pueda sentir identificado o quiere compartir su punto de vista de una manera más personal.

He tenido ganas de hablar de ello cada vez que durante este año he cogido un pincel. Algo sucedía. Yo he pasado una época muy bloqueada con la pintura, al punto de querer dejarla para siempre. He sufrido de crisis de ansiedad delante de cuadros que me superaban en tamaño y lo he pasado fatal pensando "Este error de 120x200 metros no lo puedo esconder". No he tocado un lienzo grande desde entonces, pero cuando me mudaba me llevaba la caja de las pinturas y un cuaderno. ¿Por qué?
Creo que es porque la pintura mancha. 



Dibujo a digital a diario como parte de mi trabajo y sí, lo adoro, aprendo y me hace sentir satisfecha cuando termino. Pero cuando hago un dibujo digital sigo una metodología de boceto-base-detalles y puedo aproximar cuánto tiempo me llevará terminarlo. Después le pongo un nombre (.fhsgg.psd si es el archivo photoshop) y lo guardo en la carpeta.
Dibujar a digital es (para mí) un proceso mientras que la pintura es algo que puedo vivir.
Cuando me agobio del mundo digital o quiero desconectar, pinto o garabateo sobre papel.

Pintar me aporta no sólo un resultado bonito, sino todo un proceso vivo e inmersivo que puedo experimentar con los cinco sentidos. Huelo pintura, toco pintura o me mojo los dedos de agua, veo las mezclas crearse, escucho el risrás del pincel sobre la tela y el tiquitic alrededor del vaso (y a veces me lo bebo sin querer). Cambio de postura mil veces, levanto el soporte, voy y vengo, me recojo el pelo para que no me moleste, mancho el móvil sin querer al sacar una foto del proceso a medias. Pintar, para mí, es una experiencia tangible y completa. Y me hace muy feliz.

Todas esas sensaciones son las que me hicieron no poder dejar la pintura. Volví a pintar con más calma, con formatos más pequeños y experimentando mucho. Me aterra volver al estado de miedo en el que la vivía antes, por lo que ahora trabajo con mis propias normas y pintando sólo para mí, y sólo lo que me hace feliz, sin juzgarlo. Juzgar mis pinturas sería como mirarme al espejo y pensar que estoy fea ese día. Las peino con pincel y las mimo hasta que me siento cómoda con ellas. Me siento muy unida a mis cuadritos, sacando pedacitos de mí y amasándolos con los dedos sobre el lienzo junto al resto de colores. Lo percibo más ¿real? que cuando utilizo el ordenador.



¡Desde luego que trabajar a digital también me aporta mucho! Son dos experiencias diferentes y también busco cosas diferentes en cada una, por lo que no las puedo comparar. A veces cuando quiero visualizar un posible resultado rápido acudo a lo digital. Si quiero un acabado más limpio lo hago digital donde puedo solucionar mis errores con más facilidad. Si no quiero invertir un rato en escanear/foto y limpiar... mejor digital. Si tengo la mesa llena de trastos como para además sacar la paleta, los tubos, los vasos, los colores... mejor saco sólo la tableta y lo hago digital.

Es un medio que aunque no me permita pegarle confeti o cosas que brillen me permite otras muchas cosas. También tiene cierta reciprocidad con la pintura, ya que mucho de lo que aprendo con una lo puedo adaptar y aplicar en la otra, por ejemplo cosas sobre luz y composición, por lo que se enriquecen mutuamente. Trabajar en digital me hace sentir que avanzo y que exploro y es mi mejor herramienta para contar historias, y tengo muchísimas posibilidades para dar carácter a lo que haga.
Y bueno, no me hace sentir tan viva, pero tampoco me parece algo negativo. Me sirve para otras cosas también necesarias. La pintura la vivo de forma más íntima y personal.


Por otro lado, existe el factor comparación que tanto nos acecha a los artistas: hay muchísima gente en mi entorno que realiza trabajo digital (¡y me encanta estar rodeada de ellos!) pero no hay tanta gente que pinte. Hay un porcentaje algo mayor de gente que dibuja en tradicional (acuarelas y compañía) pero no veo tanta pintura (aunque eso es cuestión de rebuscar y seguir a gente nueva 🙂). Entonces no tengo mucha gente con la que compararme en la pintura, básicamente. No convivo con tanta ¿competición? porque con el dibujo sí aspiro a profesionalizarme mientras que la pintura la tengo como afición y no ha nacido en mí la necesidad de producir para llegar a un objetivo, sino que produzco cada vez que me apetece (a veces a menudo y a veces de mes a mes). Es más relajada. Supongo que si quisiera llevarla a algún lugar tendría más posibilidad de volver a agobiarme, por lo que de momento me gusta tenerla así, en casa, sin romperla. Me gusta hacer esa separación y protegerme de la necesidad de monetizar todo lo creativo que haga.

¿Qué opináis vosotros? ¿Os habéis sentido así alguna vez? ¿Qué medio os hace sentir mejor? Os escucho, y muchas gracias por leer 


。・:*:・゚★



No hay comentarios:

Publicar un comentario