El conejo que salió del cráter



En uno de mis proyectos secretos, Bun es una persona-conejo que quedó atrapada en una luna durante años, dentro de un cráter. Cuando salió, pudo observar el cosmos y pudo escuchar voces que le llamaban a saltar. El inicio de ese cómic-cosa podéis leerlo en mi artbook "Planeta de Bun", que podéis conseguir aquí por sólo un ko-fi (¡un cafecito para calentarme la tripa!).
¡Pero no he venido hoy aquí a hacerme publi!

Me quería apropiar por un momento de la historia de Bun para contar cómo salí de mi propio cráter. No es que estuviese atrapada, pero a mí me cuesta mucho sentir que voy hacia delante en lugar de dando círculos y necesito cambios de etapa y vivir en metamorfosis como para sentir que avanzo hacia estar un poquito más cerca del universo. Así que aprovechando que tenía que escribir una carta de motivación para un máster la voy a copiar-recortar-ampliar un poquito por aquí, para explicar cómo hace un año estaba haciendo una cosa, y el anterior otra y antes otra diferente, y si la leéis entera entenderéis que hoy estoy donde tengo que estar (a pesar de seguir soñando con viajar lejos en cohete, pero eso también llegará).


                         «Yo inicié mi andadura en Bellas Artes, creyendo querer ser artista. Y como mínimo confirmé ser una persona creativa y tener manos inquietas. Pero me descubrí disfrutando más de las horas de biblioteca documentándome y de las noches de ordenador saltando de artículo en artículo sobre artistas.

Sin embargo, no me planteé en ningún momento haber cambiado a por ejemplo Historia del Arte, porque igualmente me gustaba impulsar mis propios proyectos. Disfruté mucho de las asignaturas de Estética, Cine o Análisis de estrategias artísticas, pero también de las horas de taller en compañía.

Y aun así, a pesar de ver ahora las señales tan claras, no era capaz de darme cuenta en ese momento de que mi aspecto favorito del arte era: aprenderlo y comunicarlo. Esa revelación llegó más tarde.



Recuerdo en especial una actividad motivada por la necesidad urgente del alumnado de consumir referentes creativos: cada semana debíamos visitar una exposición por la zona, fotografiarnos junto a una obra que nos gustase y estudiar y escribir sobre ella a modo de crítica. Esos treinta documentos (francamente nefastos para lo que debería ser una buena crítica, según observo con la distancia del tiempo) considero que fueron un primer escalón, pero se quedó ahí, en la mesa del docente. 

Más tarde pedí una estancia SICUE en la facultad de Granada, donde pasé mi último curso. Allí descubrí en profundidad el comisariado de museos y aprendimos un montón sobre legislación, BICS y el funcionamiento de galerías. También pude documentarme muchísimo y realizar presentaciones sobre artistas de nuestra preferencia, con lo que tuve la oportunidad de exhibir uno de los aspectos más notables de mi personalidad: comenzar a hablar de algo o alguien que me apasione y seguir y seguir y seguir. Y buscar y leer hasta saberlo todo, y contártelo de forma que caigas también en amor.
Cuando salí de Bellas Artes inesperadamente un poco harta tras una serie de circunstancias me convencí a mí misma de que quería otra cosa. Entonces me metí en Proyección de obras de decoración y duré un año antes de dejarlo. Pero de nuevo me encontré con las pistas allí: mi proyecto favorito fue construir la maqueta de una sala de exposiciones. Además teníamos que crear en miniatura obras reales, para lo cual debíamos asistir a una exposición en Málaga a escogerlas. Y yo me nutrí de la exposición permanente del CAC y de la pasada Neighbours III para diseñar una muestra sobre la corporeidad del ser humano y la fantasía.



Otro fenómeno que tuvo lugar durante ese curso: contábamos con asignaturas de dibujo y de historia del arte y yo que ya había cursado programas similares iba lógicamente un poco adelantada respecto a mis compañeros que cursaban por primera vez. Cabría esperar que se acercasen a veces a plantear dudas, pero el acercamiento se producía así:

—María, ¿me podrías explicar esto? Pero explicarlo bien. De forma divertida como haces tú para que yo lo entienda.

Y es verdad que una de mis marcas de identidad en ese aula era la cercanía, porque yo ya me sentía familiar a aquellas obras antiguas como para tratarlas con un poco más de informalidad, sin perderles el respeto. Sabía que si quería conseguir contagiar el disfrute que yo sentía con ellas debía presentarlas como amigas de las que aprender en lugar de como algo imponente e inalcanzable.

Tras ese curso me tomé un año de reflexión. Y lo llamo reflexión, pero no paré ni he parado desde entonces, y gracias a eso estoy aquí. El desarrollo breve fue: inicié un coaching de crecimiento personal donde me contaron que cuando vives en propósito la vida comienza a darte aquello que necesitas. Así que en el momento en que comencé a impartir clases extraescolares de dibujo, a llevar a mis conocidos y familia a exposiciones con la lección aprendida para poder contarles lo que veían, a consumir youtubers y twitteros de difusión de arte (y más cosas, porque soy una curiosa de nacimiento), y a escribir semanalmente sobre creatividad en mi propio blog sentí cosquillas en la tripa. Como cuando te enamoras, sí. Porque si me encanta hablar de lo que me gusta y me encanta el arte ¿cómo no era tan lógico haber pensado antes que yo quería hablar sobre arte tanto como dibujar?

Mi manita en Pompidou Málaga


Porque no lo he dicho, pero a priori soy ilustradora. He participado en fanzines y ganado algún que otro concurso y llevo años dedicándome a la ilustración por encargo y el diseño de productos. Esos dos frentes abiertos me dificultaban encontrar el nexo común, hasta que descubrí la ilustración didáctica y en especial la divulgación.
Es cuando me metí a indagar que descubrí el máster de Desarrollos Sociales de la
Cultura artística. Y echando un vistazo a los destinos de mis últimos intereses laborales a los que he enviado currículo (galerías, bibliotecas, academias de pintura, librerías…) creo que es claro que debía intentarlo. 

Una broma personal que yo soltaba a finales de la carrera era decir que quería organizar fiestas en museos. Y quizás no sea tanta tontería como me lo pareciera. Convertir el espacio del arte en algo amable que te da la bienvenida y que es una cita con todo lo expuesto, que mi trabajo sea conseguir que salgas del museo más enamorado de lo que entraste como si el trabajo del gestor cultural sea ser una celestina entre espectador y obra. No sólo en el museo, puesto que en la era digital también doy mucha apreciación a las bondades de internet, es por ello que mantengo este blog y asimismo soy consumidora frecuente de contenidos en relación.
¿Dónde entra aquí la ilustración? También creo en las bondades del medio visual y creo que la imagen es un gran medio de difusión. Por ello creo posible y necesaria una colaboración de ambos medios y hablar y difundir a través de dibujos pero sí, quiero y necesito aprender primero todo sobre los mecanismos sobre la cultura artística y la comunicación que se cursan en el máster. Creo que será muy enriquecedor para los proyectos que haga en el futuro. Que puede molar.»



Pues resulta que esta carta no llegué a enviarla. La solicitud la mandé superaprisas con lo mínimo imprescindible, de hecho no entré en el proceso de adjudicaciones porque me faltaban justificantes por enviar. Y tras los papeleos y dando por hecho que tampoco pasaría las listas de la adjudicación siguiente y mentalizada a tener que esperar hasta octubre me dije de ya que estaba escribir algo más decente que la primera vez y compensar lo pesada que estaba siendo con fuerza de voluntad. Así que la semana pasada dediqué la mañana a escribir con todas mis fuerzas el por qué yo tenía que estar allí y dejé el PDF guardado en mi escritorio. Y dos horas más tardes recibo un email de "Has obtenido plaza en este máster", como si todo el deseo que acumulé durante esa hora escribiendo hubiese sonado tan alto que el universo lo escuchó y lo hizo antes de enviar yo nada. De vez en cuando me gusta pensar que recibimos un poco de la energía que proyectamos, aunque esto no sea realmente así pensando con lógica, pero como es algo inofensivo me conforta pensarlo así cuando sucede y es más divertido de vivir.

Deseadme suerte en esta nueva etapa que ya veremos cómo afecta al blog. ¡Y contadme! ¿Sois cómo yo que os cuesta encontrar un camino? ¿Alguna vez os habéis visto en una situación similar de desear mucho algo y que se cumpla? ¡Soy todo oídos, cuquis!

。・:*:・゚★

2 comentarios:

  1. ¡Me ha encantado esta historia! A mí me pasa lo mismo: casi 30 años y todavía no sé qué quiero hacer con mi vida. Creo que es una de las "desgracias" que llevaremos siempre encima las personas creativas. Envidio a esa gente que en los primeros días de facultad (ADE) ya sabía que estaba estudiando para ser Inspector de Hacienda.

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    1. Totalmente, me da mucha envidia la gente que empieza algo sabiendo ya el nombre que va a tener cuando termine, jajaja. "Artista" es tan ambiguo que no queda otra que seguir buscando especialidad, y entonces es cuando aparecen diez cosas diferentes que te gustan y no te decides.
      ¡Un besito, guapa!

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