Mi historia con la fotografía

Tenía muchas ganas de escribir este post, y aviso desde ya que será largo y con muuuchas imágenes. Vengo a hablaros de fotografía, de cómo ha cambiado mi percepción de ésta y como consecuencia de cómo ha evolucionado mi estilo de hacer fotos. Creo que será curioso ver el camino a lo largo de los años, y así os voy contando también mis impresiones y consejos. ¿Vamos allá?



Desde pequeña gastaron en mí muchísimas analógicas pero la primera cámara que yo manejé fue la compacta digital de mi padre. Fue una revolución en mi casa, de la mano con ese Windows de sobremesa sin internet, un acto de irse actualizando y de probar la tecnología que iba saliendo. Así que él la fue utilizando en ocasiones contadas y yo empecé a aprovechar cualquier paseo o escena de escritorio para convertir esa cámara -no recuerdo ni el modelo- en parte de mi vida cotidiana, en compañera. Las excursiones que retraté sucedieron durante la época en que hice Educación Secundaria, y bueno, era fotografía documental sin más pretensión que conservar recuerdos con mis amigas. Sí que recuerdo que a través de esa pequeña pantalla grabé muchos vídeos que después editaba de manera muy casera (con cortinillas de estrellas) y si bien no considero que esta primera etapa tuviese mucho de artístico sí que sentó las bases de entrenar de alguna manera el sentido de la composición y de la armonía.

Una vez en el bachillerato de artes  y todavía con ese pequeño dinosaurio entre las manos comencé a salir más a la calle con voluntad de sacar algo bonito de lo que me rodeaba. Ahí ya tenía internet y acceso a otros artistas y además acababa de abrir mi primer blog y estaba muy motivada con las clases y el cambio de centro. Un buen cóctel para la creatividad. Mi modelo más repetido eran los parques y solía centrarme en las texturas y en los primeros planos.






(La marca de agua pertenece a mi primer blog, ya inexistente)

Sin embargo, encontraba mucha más diversión en fotografíar en casa -tendencia que mantengo- y aprovechaba la gran colección de muñequitos que he ido juntando con los años porque siempre me ha gustado crear pequeños escenarios y universos y sumergirme en ellos. Retratarlos como amigos y bajarme a mirar desde esa línea de horizonte. Aquí tuvieron una influencia muy fuerte algunos trabajos de fotografía conceptual que buscaba a través de Deviantart y que por supuesto yo quería imitar con una cámara de baja calidad. ¿Considero esto un buen ejercicio? Pues sí, y me ayudó a buscar recursos, a explotar un aparato con muchas más limitaciones que una cámara profesional. Evidentemente no conseguía buenas fotos; ahí no tenía ninguna noción teórica ni la cámara me permitía cambiar sus parámetros pero me permitió identificar mis necesidades, el tipo de imagen que deseaba y cómo construirla, y esto facilitó enormemente mi salto posterior a otras cámaras más avanzadas. Aquí no conseguí bokeh ni un buen manejo de planos, mucho menos hablar de cosas como el ISO. Mi producción favorita de esta época son las pequeñas narraciones a través de juguetes que se convirtieron en mis modelos.








Y entonces llegó a mi vida la Canon IXUS 125 HS, la primera cámara 100% para mí, mi compacta compañera de aventuras desde hace 6 años. Fue un regalo al súperterminar bachillerato y ¡OH!


Cierto es que al final se me ha quedado desfasada, pero me ha salvado tantísimas veces... Es muy resistente y funciona a la perfección, tiene un zoom muy bueno y es muy intuitiva. Antes de tener mi móvil actual ha sido un imprescindible en mi mochila y siempre la he tenido cerca. El primer verano teniéndola fue verano de autobuses, de fruta, de volver al parque pero con otra mirada. Me gustó mucho también la nitidez de imagen que me dio en comparación a mis anteriores resultados y ahí empecé a querer captar imágenes evocadoras de mi día a día.







Utilicé esta cámara incluso para la primera asignatura de fotografía en la carrera y fue lo mejor que pude hacer en ese momento porque aprendí a sacarle el mejor partido y, esta vez sí, acercarme a los resultados que buscaba. El punto era conseguir con una compacta juegos de velocidad de obturación, enfoques concretos, unas luces y tonos determinados... Y sin poder editar claro. Tener que alcanzar los resultados que nos pedían los ejercicios de clase me hizo investigar la cámara a fondo por lo que ahora también la re-confirmo como una buena opción para comenzar. Tiene muchos modos de disparo interesantes también y combinarla con la edición posterior en mis trabajos libres también me enriqueció mucho la experiencia. 



Por supuesto, de bachillerato a la universidad mis referentes cambiaron, y empecé a moverme más por tumblr e instagram -intentando huir también de un tipo de imagen que se me queda muy vacía pero aprendiendo de recursos que me parecían interesantes-. Descubrir el trabajo algunos fotógrafos aunque no me interesasen en particular fue de gran ayuda también porque es necesario observar la manera de mirar de los demás, e intentar entender su lenguaje. Es como aprender cada vez más letras y palabras con ellas, que nuestro vocabulario se enriquece. ¡Conocer muchas técnicas y posibilidades nos permitirá jugar con más elementos a la hora de crear imágenes muy nuestras!

Making-of: de noche en el lavabo del baño de mis padres, con una minilinterna
de luz rosa de Tiger enganchada a uno de los dedos que sujetaba la cámara,
otra linterna de luz blanca de relleno rodando por la encimera y la cámara a ras
de agua en algunos momentos. Tensión.
Y esta en cambio fue tan espontánea como que pasé por allí y disparé mientras caminaba.

Quiero mencionar ahora también la cámara del móvil. Nunca he tenido móviles de gran calidad, mucho menos con cámaras de la potencia que me gustaría, pero por mis 18 me regalaron mi primer smartphone y con ello mi incursión en Instagram. Ese segundo verano lo pasé haciendo fotos en formato cuadrado sin parar, que supongo que alguna consecuencia positiva trajo. Después de superar la fase de los filtros Juno y Valencia, quiero decir.

Me gustan muchísimo las tartas llenas de velas y desde esta foto he pedido en cada cumpleaños que por favor, tantas velas como años, y he repetido esta imagen como una tradición. Me pondría el reto de hacerlo en una sesión de verdad pero dudo que mi familia esperase tanto para comer.

Instagram ha supuesto para mí salir a la calle con los ojos más abiertos, un deseo irreflenable de 
capturar trocitos. Muchas de estas imágenes las terminaba imprimiendo para mi álbum, porque
ya sea en digital o en papel a mí me gusta tener mis tesorillos juntos y revueltos en confeti.

























Y por fin llegamos a otro de los momentos clave en mi viaje, la llegada del cacharrito tan esperado, mi primera réflex. La nena bonita y hermana mayor de las que puedan venir detrás. Una Canon 1100D. De momento, todo mi amor es para ella (y para la pequeña IXUS, que sigue yendo a pesar de todo de vez en cuando en mi mochila).
Esta cámara entró a mi vida un día de Reyes y reconozco que al principio no la utilicé para mucho más que para clase -tampoco tenía tiempo-. Disparaba de vez en cuando para probar e irme familiarizando, pero no tenía la misma motivación que antes. A mediados de 2015 yo ya estaba un poco echa polvo y comenzando a lidiar con esa aventura complicada que es la ansiedad y no tenía mucho cuerpo de salir a la calle con una máquina que me pesaba más que el alma. Si tenía un modelo estrella en esa época era la comida, siempre posando dulce y elegante y regalándome ratitos más agradables algunas tardes.





Sentía que tenía potencial en las manos con esa cámara que no dejaba de ser muy sencilla pero de lo mejor que había tenido hasta entonces y me sentía fatal por no estarla exprimiendo al máximo. Con las ganas que tenía y el dinero que había costado. Pero si a duras penas me levantaba de la cama no veía manera de lograr retratar algo bonito. La cámara se quedó guardada en mi armario dentro de su funda, incluso la presté durante un tiempo a un amigo que la necesitaba porque quería que sirviese para algo. El borboteo de querer hacer fotos no murió porque seguía recortando trocitos cotidianos, pero no tenía intención de crear ni evocar nada. 
Menos mal que me fui de la ciudad.

Y con mi mudanza temporal a Granada y a su universidad amable vino mi vuelta a Instagram, a los experimentos y a la reconciliación con la fotografía. No es hasta los últimos meses que he empezado a hacer fotos de nuevo y de verdad, sin embargo la estancia en Granada fue un punto y aparte para pensar. Tuve allí una asignatura de fotografía artística para la que necesité una cámara analógica que me prestó superamablemente mi óptico de confianza y al llevarla a mi nuevo piso decidí coger también la réflex por si acaso. Al desempaquetarla una vez allí disparé una única foto a ras de mi escritorio, nada especial, pero oh. En ese clic había sentido que sí, que tenía que quedarme, que quería, que lo haría.

Dibujante con labios burdeos, nariz roja en invierno y una cámara colgando del cuello. Hola. Quiero encontrar todo lo bonito que pueda haber a mi alrededor y no dejar nunca de aprender.
























En esta asignatura que os comento no puedo más que agradecer al excelente profesor que tuvimos la oportunidad de adentrarnos en el laboratorio, de descubrir técnicas nuevas, de enseñarnos a ver diferente, de ayudarnos a hacernos amigos de la luz, de incluso acompañarnos a la Alhambra para hacer fotografías. Y por encima de todas las cosas le agradezco el haberme devuelto la curiosidad y las ganas, y el haber metido en mi cabecita el pensamiento de que en todas partes hay fotografías. Creedlo de verdad, porque es cierto.




Ejercicio de luz, uno de los primeros. Nos dijo sólo eso "Haced fotos a la luz, en diez
minutos nos volvemos a reunir". Me encontré al rato metiendo las narices entre dos cristales buscando luz como quien busca hadas. Meses más tarde pasaría algunas mañanas con las
 persianas bajadas intentando hacer lo mismo en mi habitación.





Esta y la anterior son fotografías estenopéicas, un flipe. Están hechas con una lata de galletas, un agujerito en ella y un papel fotográfico dentro. Y unos minutos de paciencia antes del baño de químicos. Me pareció tan mágico el laboratorio...

La mayoría de fotografías de ese curso fueron en blanco y negro. Esto es parte de uno de mis proyectos, buscando gestualidad con las manos y ambiente con luces. Quería que pareciese un espectáculo de magia, porque así me sentía en la oscuridad de mi habitación.
























Mientras pasaba los meses allí me animé ya sí a retomar instagram y a buscar un poquito mi estilo, muy animada por esos feeds tan bonitos que me cruzaba en mi ratito de redes por las noches. No sólo quería mostrar todos los dibujos y obras que tendría tiempo de hacer tras la carrera, también quería mostrarlo a mí manera. Hacerlos lucir y crear también imágenes bonitas.

El feed de mi instagram se llenó durante un tiempo de imágenes en esta línea pero:
1- Las tomaba con el móvil, con lo que la calidad no era la mejor
2- Las que tomaba con la cámara las editaba con el móvil y todavía
 no sabía hacerlo bien, así que me costaba mucho conseguir los
resultados y colores que yo quería.

Y finalmente también decidí que no quería un feed exclusivamente así.




























¡Nos vamos acercando al final! (por ahora). Verano de 2017, vuelta a mi pueblito y unos meses llenos de libretas. Como estaba con el TFG me dediqué en los ratos libres a practicar un poquito más esa fotografía de producto que empecé en Granada y aprovechaba la luz del mediodía para extender mi arsenal sobre la mesilla blanca. De aquí salió mucha diversión y un feed que empecé a compartir en una nueva cuenta de instagram más personal, al tiempo que aprendía y aprendo a editar. También en twitter donde siempre recibo comentarios curiosos sobre mi manera de organizarme y yo más feliz que un conejito de poder inspiraros. Me gusta mimar mis materiales y me hace muy feliz poder retratarlos así.

























¿Y en qué desemboca todo esto? En una actualidad llenísima de ganas y con la inspiración bailando sobre mi mesa. Me he vuelto a mudar y ahora la réflex está bien visible sobre mi estantería y en estos últimos meses en los que me he ido acomodando a mí de nuevo también me he acomodado con las imágenes que quiero guardar. Mi vocación ya sabéis que es el dibujo, pero la fotografía también es un hobbie muy especial para mí como vía para conectar con mi mundo tangible y con lo que significa para mí una vida de paz. También he acotado unas temáticas que he visto que me gustan especialmente. ¡Ay, no sé! No he pensado en si quiero que mis imágenes lleguen a algún lugar, sólo tengo claro que hacer fotos me pone tan de buen humor como un buen desayuno. Y de eso no puedo prescindir. Así que seguiré con...


... rincones comfortables...


... dulces...


... seres únicos y queridos...


... juguetes...


... y todo lo que quiera hacer brillar.

Muchas, muchas gracias por haber llegado hasta aquí. Soy consciente de la longitud, pero el tema daba para mucho. Me encantaría saber vuestras historias si las tenéis o qué os ha parecido la mía. ¡Acepto consejitos también! Me despido feliz si os he podido convencer de que las imágenes y las historias están ahí, que sólo tenéis que buscar un poco, que el mundo está lleno de oportunidades.

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